Saturday, June 26, 2010

Amor, perdón y esperanza.

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La vida de cada hombre o mujer en este mundo oscila entre el deseo permanente de felicidad y la confrontación con una realidad que en muchos aspectos y de diversas maneras frustra estas tan sentidas aspiraciones. Las causas de estos males son tan heterogéneas como compleja es la experiencia de cada persona a quienes tocan. Podemos responsabilizar a los políticos, la cultura, el ambiente, la situación económica, el egoísmo imperante, etc. y esta es una intuición de algún modo correcta. Cada persona tiene una responsabilidad especialmente en su situación particular, que contribuye al bien o el mal común.

El problema toca fibras muy profundad del misterio de la vida, pero la respuesta el de algún modo sencilla. Al conocer esta situación calamitosas del mundo, Dios envió a su hijo Jesucristo para inaugurar mediante su pasión, muerte y resurrección, una dinámica de salvación que incoa el Reino de Dios ya en este mundo.

El evangelio exhorta a amar, perdonar y reconciliar los unos con los otros. Invita a tomar la cruz de cada día, para que unidos a Cristo contribuyamos al triunfo de la vida.

Virgen María, madre del redentor, haz que permanezcamos siempre fieles a tu hijo bendito, Jesús.

Saturday, June 12, 2010

Oración por los Sacerdotes. (Santa Teresita del Niño Jesús)

 

Omnipotente y Eterno Dios: dígnate mirar el rostro de tu Cristo, Eterno y Sumo Sacerdote, y por amor a Él, ten piedad de tus Sacerdotes.

Recuerda, oh Dios misericordioso, que no son sino débiles y frágiles criaturas. Mantén vivo en ellos el fuego de tu amor. Guárdalos junto a ti, para que el enemigo no prevalezca contra ellos, y para que en ningún momento sean indignos de su sublime vocación.

¡Oh Jesús!, te ruego por tus fieles y fervorosos Sacerdotes, por tus Sacerdotes tibios e infieles; por tus Sacerdotes que trabajan cerca o en lejanas misiones; por tus Sacerdotes que sufren tentación; por tus Sacerdotes que sufren soledad y desolación; por tus jóvenes Sacerdotes; por tus ancianos Sacerdotes; por tus Sacerdotes agonizantes; por las almas de tus Sacerdotes que padecen en el Purgatorio.

Pero sobre todo, te encomiendo a los Sacerdotes que me son más queridos; al sacerdote que me bautizó, al que me absolvió de mis pecados; a los Sacerdotes a cuyas misas he asistido y que me dieron tu Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión; a los Sacerdotes que me enseñaron e instruyeron, me alentaros y aconsejaron; a todos los Sacerdotes a quienes me liga una deuda de gratitud.

¡Oh Jesús! Guárdalos a todos juntos a tu Corazón, y concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y la eternidad. Así sea.