Estos 40 días antes de semana santa son un período del itinerario litúrgico que intensifican una actitud que es característica de toda la vida del cristiano. Ayuno, limosna y oración son los pilares que que sucintamente significan la donación de todo nuestro ser y tener a Dios y a los hermanos, y que se debe practicar a lo largo de cada día de la vida.
Pero el sentido primero de la cuaresma es el de la preparación espiritual para a las fiestas pascuales, en donde celebramos los misterios de nuestra redención.
La redención obrada por Cristo con su encarnación y nuestra práctica religiosa, no tienen un sentido cerrado en si mismo, sino que corona la alegría de ver al hombre y al mundo caído con una nueva esperanza, que involucra a toda la realidad. Mediante la resurrección de Jesús, podemos volver a creer, esperar y amar, se nos hace mas fácil perdonar y pedir perdón, y reconocemos en las cosas creadas la huella del Creador, dando gracias y alabando su eterna misericordia.