Siendo sacramento de salvación para todo el género humano, la Iglesia es el ancla segura de esperanza para todos.
Nos encontramos en una época en que los hombres buscan afanosamente su plena realización y felicidad ya en la tierra , alentados por las inmensas posibilidades que avizoran en el desarrollo económico global y en una política también universal del respeto de los derechos humanos.
Sin embargo, aparecen nubarrones ante esta esperanza secular, como son los problemas ecológicos y las todavía enormes tensiones que se dan entre diversos pueblos y culturas así como en el interior de cada una de las naciones.
Con respecto a la cultura, se da un concepto de persona que no debe obedecer a nada más que sus propias impresiones, y un concepto de sociedad que no reconoce una verdad y bien objetivos con los que regular la convivencia y las leyes.
La Iglesia de hoy se levanta como una fuerza que mantiene la certeza de una esperanza cierta tanto en el orden secular como trascendente. En el orden secular enseña que existe una ley natural objetiva en cuya observancia se funda el bien y la felicidad del hombre. Y yendo más allá, anuncia el evangelio a los pobres y pecadores para que creyendo en Cristo y siguiendo sus enseñanzas alcancen el consuelo y una plena estatura humana.En el orden trascendente la Iglesia amplía el horizonte de la vida humana a la eternidad. Consiente de que una esperanza solo para este mundo no puede satisfacer el alma humana y que constituye una contradicción que afrenta lo más intimo de la racionalidad, anuncia la resurrección de Cristo como la victoria definitiva de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas.